El Describidor


Quiero tenerte… de otra manera
enero 17, 2008, 9:50 pm
Filed under: Sensualidad

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Volvió a su dormitorio y vió que Andrea no había despertado. Seguía tendida, en su languidez de estatua griega. La bata de algodón cayó al suelo y acercó su desnudez a la de su mujer. Quería tenerla, su sensualidad la necesitaba, su piel la llamaba, pero quería tenerla de otra manera esta vez. Comenzó por acercar su nariz a su cabello y aspirar profundamente el olor a selva, característico de esos días de calor húmedo en que los árboles regalan sus perfumes y los cabellos los van atesorando. Era un olor a madera, pasto húmedo, perfumes de flores ignotas. Le gustó. Siguió oliendo su cuello, su nuca, sus orejas, percibiendo ligeros matices distintos y agregando olores balsámicos a su lista. Su nariz se deslizó hacia sus senos, y reconoció olores distintos, más marcados, olores a piel de mujer plena, olores de sensaciones satisfechas. Los pezones respondieron al estímulo levantándose. Siguió explorando hacia el vientre, recorriendo sus mesetas y sus valles, aspirando, reconociendo. La piel comenzaba a cambiar su olor, haciéndose más agresiva, más pronunciada; era un olor de exigencias. La mujer estaba dejando lugar a la hembra. Hasta que su nariz llegó sus bellos púbicos y la entrada que cuidaban y ahí emergió la hembra en su esplendorosa completitud. Era un olor a sexo, a guerra, a permisividad y desinhibición total, a grito de orgasmo incontenible, a gemido de placer controladamente mantenido, un olor definitivo. Estuvo muchos minutos aspirando a su mujer, a su hembra, llenando su alma de su perfume, y descendió a sus muslos. El olor comenzó a cambiar, adquiriendo tintes más ciudadanos, a vida y calle caminada, a polvo adherido, a vida natural. Llegó a sus pies. Se contuvo mirándolos. Su fetiche sexual eran los pies de Andrea. Los contempló amorosamente, su tobillo, la curva, sus dedos armoniosos, su talón rosado y redondo, su planta dorada y flexible, y acercó su nariz y absorbió sus efluvios sintiendo como su sensualidad se comenzaba a desbordar y su cuerpo ya empezaba a protestar por la pasión contenida en todo ese rito. Percibió que su cuerpo exigía en la forma de una erección incontenible y una respiración cada vez más rápida…

En esos momentos sintió resbalar la mano de Andrea por sus muslos, explorando, reconociendo, hasta que asió amorosamente su pene y lo acarició a todo su largo, mientras sus ojos se sumergían en los ojos de su hombre ofreciendo, suplicando, exigiendo….

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