El Describidor


La poetisa del fino erotismo: Delmira Agustini
enero 19, 2008, 12:27 am
Filed under: Cultura, Sensualidad

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Escritora uruguaya; su corta vida transcurrió en Montevideo, alterada, sobre todo, por los avatares y el final dramático de su peripecia sentimental: su pasión por Enrique Reyes, el matrimonio entre ambos, la separación, el divorcio y su asesinato a manos del antiguo marido, convertido ahora en amante. Eso no impidió a la Nena, ése era el apodo familiar, desarrollar una obra poética notable, que contó con la aprobación elogiosa de sus contemporáneos. En El libro blanco (Frágil) de 1907 era evidente su deuda con los gustos y el lenguaje del modernismo, aunque algunos poemas ya trataban de conseguir una expresión lírica original, más adecuada a sus apasionadas vivencias personales. La logró en Cantos de la mañana (1910), y en Los cálices vacíos (1913), donde su erotismo conjuga con acierto el sueño y la vigilia, la pasión exaltada y el pesimismo, los sentimientos del amor y de la muerte. Algunos poemas más se recogieron en sus Obras completas, editadas en 1924 en dos tomos: El rosario de Eros y Los astros del abismo.

Fuente: http://www.epdlp.com

Visión, de Los cálices vacíos

¿Acaso fue en un marco de ilusión,
en el profundo espejo del deseo,
o fue divina y simplemente en vida
que yo te vi velar mi sueño la otra noche?

En mi alcoba agrandada de soledad y miedo,
taciturno a mi lado apareciste
como un hongo gigante, muerto y vivo,
brotado en los rincones de la noche
húmedos de silencio,
y engrasados de sombra y soledad.

Te inclinabas a mí supremamente,
como a la copa de cristal de un lago
sobre el mantel de fuego del desierto;
te inclinabas a mí, como un enfermo
de la vida a los opios infalibles
y a las vendas de piedra de la Muerte;
te inclinabas a mí como el creyente
a la oblea de cielo de la hostia…
gota de nieve con sabor de estrellas
que alimenta los lirios de la Carne,
chispa de Dios que estrella los espíritus.
Te inclinabas a mí como el gran sauce
de la Melancolía
a las hondas lagunas del silencio;
te inclinabas a mí
de mármol del Orgullo,
minada por un monstruo de tristeza,
a la hermana solemne de su sombra…
te inclinabas a mí como si fuera
mi cuerpo la inicial de tu destino
en la página oscura de mi lecho;
te inclinabas a mí como al milagro
de una ventana abierta al más allá

¡Y te inclinabas más que todo eso!

Y era mi mirada una culebra
apuntada entre zarzas de pestañas,
al cisne reverente de tu cuerpo.
Y era mi deseo una culebra
glisando entre los riscos de la sombra
¡a la estatua de lirios de tu cuerpo!

Tú te inclinabas más y más…y tanto,
y tanto te inclinaste,
que mis flores eróticas son dobles,
y mi estrella es más grande desde entonces.
Toda tu vida se imprimió en mi vida…

Yo esperaba suspensa el aletazo
del abrazo magnífico; un abrazo
de cuatro brazos que la gloria viste
de fiebre y de milagro, será un vuelo!
Y pueden ser los hechizados brazos
cuatro raíces de una raza nueva.

Y esperaba suspensa el aletazo
del abrazo magnífico…
¡y cuando
te abrí los ojos como un alma, y vi
que te hacías hacia atrás y te envolvías
en yo no sé qué pliegue inmenso de la sombra!

CONCEPTUALIZACION DEL CUERPO Y LA PSIQUIS FEMENINOS EN LOS TEXTOS DE DELMIRA AGUSTINI.

Gisela Bencomo, http://www.angelfire.com

Enfrentarse con la escritura poética de Delmira Agustini es ponerse en contacto con un mundo cargado de imágenes y visiones que, aunque si bien siguen los cánones de la estética modernista, rompen con los patrones tradicionales de la sociedad imperantes en la época. Estas imágenes plasman en su poesía la realidad del mundo invisible, del mundo interior de sus emociones y vivencias; y es a través de estas imágenes que podemos llegar a una conceptualización del cuerpo y la psiquis femeninos en sus textos, ya que uno de los temas principales que se desprende de su poesía al analizar sus imágenes es la dualidad entre cuerpo y alma en que se encuentra atrapada sin llegar a un equilibrio. En el poema “El cisne” (Poesías Completas, p.230) declara sin rodeos: “–A veces (toda! soy alma;/y a veces (toda! soy cuerpo.–”

En el poema “Las alas” (Poesías Completas, p.173) se ve una alegoría de esa alma sometida al cuerpo. Las alas que “hasta incubar un más allá pudieron” representan su alma, su esencia; sin embargo, esas alas se deshacen entre sus brazos (su cuerpo) como un “deshielo”. El cuerpo y toda su pasión física la llevan hacia al lado opuesto: la pérdida de sus alas.

Delmira utiliza para referirse a su cuerpo imágenes atrevidas y poco convencionales para su tiempo. Son imágenes que ayudan a la autora a manifestar sus impulsos amorosos, en los que participa de forma activa, igualándose así al hombre, tanto en los momentos de gran ternura como en los de gran pasión y placer.

Uno de los poemas donde quizás más atrevidamente nos brinda Delmira una imagen de su propio cuerpo es “Otra estirpe” (Poesías Completas, p.217). En él nos habla de su “cuerpo desmayado en rosas”; de “la eléctrica corola” que despliega (o sea se abre); de “todo un enjambre de palomas rosas”; de “un tallo febril” y de “un surco ardiente,/donde puede nutrirse la simiente,/de otra Estirpe…” Las alusiones a un cuerpo lleno de pasión son obvias. Las palabras “ardiente”, “febril” y “eléctrica” así lo acreditan. A la vez es un cuerpo que tiene la capacidad de abrirse (corola, surco) y que cuando se abre, lo hace, aunque con pasión, también con mansedumbre (desmayado, palomas). Este cuerpo también se equipara con la tierra: madre que alimenta (nutre).

En “Día nuestro” (Poesías Completas, p.207) su cuerpo es “…tan sutil como un velo” y “se vuelve tan profundo como un cielo!” Aquí el velo puede ser el símbolo de lo que cubre, protege o encubre; el cuerpo de la mujer, de la madre que sirve de protección al hijo. El cuerpo “profundo” es símbolo de lo que no se puede comprender o descifrar. Acaso Delmira nos da a entender que el cuerpo femenino puede hacerse, a veces, inexplorable.

En otras ocasiones las imágenes que aluden a su cuerpo están estructuradas a base de polaridades, lo que le confiere al mismo características contradictorias. En el poema “En silencio…” (Poesías Completas, p.216) expresa la idea de la pasión ardiente unida a la de la pureza e inocencia, cuando dice: “En llamas me despedazo/Por engarzarme en tu abrazo,/Y me calcina el delirio/Cuando me yergo en tu vida/Toda de blanco vestida,/(Toda sahumada de lirio!”

En ese cuerpo, a veces encendido y a veces de mármol, se adivina una psiquis sensible, soñadora y compleja; como bien ella misma afirma en “Fragmentos” (Poesías Completas, p.155): “(Alma que cabe en un verso/Mejor que en un universo!”

Los temas que recurren en una obra poética, así como las imágenes que los expresan, nos descubren los fantasmas que pueblan la psiquis de su autor. En el caso de Delmira podemos decir que sus imágenes, en general, reflejan un alma llena de contradicciones que se debate muchas veces entre dos polos opuestos y que la hacen vivir en una constante lucha interior.

Una de las contradicciones que se manifiestan en la poesía de la Agustini es la de la razón en oposición al sentimiento, como lo ilustran las siguientes líneas del poema “Explosión” (Poesía Completa, p.141): “Si la vida es amor, bendita sea!/Quiero más vida para amar!Hoy siento/Que no valen mil años de la idea/Lo que un minuto azul del sentimiento.”

En Delmira el placer va casi siempre unido al dolor. El amor que tanto significó en su vida los trae a ambos tomados de la mano, y se hacen realidad en el hombre amado: “Porque tu cuerpo es raíz, el lazo/Esencial de los troncos discordantes/Del placer y el dolor, plantas gigantes” (“Ofrendando el libro”, Poesías Completas, p. 199)

También encontramos en Delmira un sentimiento de fatalidad, de tragedia. A pesar de sus muchas ganas de vivir y amar, Delmira presiente que quizás no tendrá mucho tiempo para hacerlo porque en ella vive y crece la semilla de la muerte. En “Serpentina” (p.61) es “un pomo de abismo”; en “Nocturno” (Poesía Completa, p.229) es “el cisne errante de los sangrientos rastros”; en “El vampiro” (Poesía Completa, p.160) pregunta: “)Por qué fui tu vampiro de amargura?/)Soy flor o estirpe de una especie oscura/Que come llagas y que bebe el llanto?” Luego en “Lo inefable” (Poesía Completa, p.168) afirma: “…Llevar eternamente,/Desgarradora y árida, la trágica simiente/Clavada en las entrañas como un diente feroz!…”

Por ultimo, vemos que como mujer y como poeta, para Delmira lo más importante era el amor. Un amor que ella quizás sólo vivió en su mente, pero no por ello es menos real. Delmira llevaba en su alma el ansia de la conquista de lo inconquistable, el deseo de encontrar un amor perfecto, de otro mundo como lo demuestran los siguientes versos de “Fiera de amor” (Poesía Completa, p. 223): “…Y desde entonces muerdo soñando un corazón/De estatua, presa suma para una garra bella;/No es ni carne ni mármol: una pasta de estrella/Sin sangre, sin calor y sin palpitación…/Con la esencia de una sobrehumana pasión”. A ese amor se consagra Delmira en cuerpo y alma, convirtiéndose en su sacerdotisa: “Tú que en mí todo puedes,/En mí debes ser Dios!” ((Oh, tú!, Poesía Completa, p.204).

Creemos, sin embargo, que es en el poema “Serpentina” (p.61) donde Delmira nos entrega la imagen más acabada de su cuerpo y su espíritu de mujer. En la serpiente encarna ella todos sus sueños: los de amor y los de odio. Su cuerpo, como el de la serpiente atrae y tienta, encanta y envenena y su mente es: “un cuerpo largo, largo, de serpiente,/vibrando eterna, (voluptuosamente!”

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