El Describidor


Experiencias: Juana Iberia (Bolivia) y “Regreso desde Betanzos”
enero 22, 2008, 7:40 pm
Filed under: Cultura

 betanzos.jpg

Le cuento que esta mañana llegué de una comunidad llamada Hueco, que se encuentra en Betanzos – Potosí. La comunidad se encuentra muy lejo, en una cumbre, así que fuimos con mi colega en un pequeño ferrobus que realiza viajes entre Sucre y Potosí. Para regresar no teníamos vehículo y como mi socia tenía urgencia de llegar hoy a Sucre, no pude dejarla salir sola y la acompañé a pie. Caminamos 8 horas y como no conocíamos la chacanchana, tuvimos que seguir las rieles del tren y llegamos a un lugar con vida después de 8 horas de caminata, que pensamos que era Betanzos, pero era Qivi Qivi, a dos horas de nuestro destino. En el camino nos cogió la noche y no teníamos linterna; mas bien que la luna en cuarto creciente reflejaba sobre las rieles y marcaba el camino, aunque no podíamos ver las piedras y de tanto patearlas tengo los pies llenos de ampollas. Pero eso no es lo peor, ya no teníamos fuerzas para caminar y decidimos contratar un vehículo que nos aproximara a Betanzos, nadie quiso hacerlo, así que decidimos quedarnos hasta la una de la mañana y salir en un colectivo. Le pedimos al dueño del colectivo que nos permitira dormir dentro del mismo hasta la hora de salida; el colectivero accedió y prácticamente nos desplomamos en los asientos. A los diez minutos regresa el hombre y en quechua nos dice que somos mujercitas y que el también tiene hijas así que nos ofrece dormir en una cama que nos arregló su esposa. Por unas horas descansamos muy bien.

A la una el hombre y su esposa nos despiertan y nos levantamos para abordar el micro, avanzamos una cuadra y el micro se llena de mujeres con muchos bultos (productos agropecuarios que llevaban al mercado de Potosí) y tremendas polleras, brincaban sobre los bultos que además fueron llenados en el pasillo del micro y pasaban sopapeándome la cara con sus mantas y sus polleras. Un rato de esos el micrero ayudaba a taucar las cargas en el pasillo y decide apoyar su pie sobre mi pierna tremendamente macurcada y no me quedó mas que soportarlo hasta que decida retirarse, lo que provoca la risa de Giovanna.

Luego quedamos dormidas y el micrero nos despertó en la carretera, donde nos dejó. Comencé a vivir tal frío que me llegó hasta la última célula de mi humanidad. Para colmo, estuvimos ahí durante más de dos horas, por que nadie se detenía para levantarnos. Finalmente una flota se detuvo y nos trajo hasta Sucre.

En este momento siento el cuerpo tan adolorido que apénas puedo moverme. Me recomendaron darme un baño caliente con agua de romero; lo hice y me siento ligeramente mejor.

He decidido narrar esta historia en el libro de mis memorias que escribiré cuando me jubile, o sea dentro de cinco años.

Anuncios

Dejar un comentario so far
Deja un comentario



Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: