El Describidor


Una dinastía feudal como todas: los Bhutto, de Pakistán
enero 27, 2008, 5:39 pm
Filed under: Cultura

 La hw10.jpgistoria de la dinastía Bhutto está llena de muertes en extrañas circunstancias, conspiraciones y corrupción. El asesinato de Benazir desató la lucha por el poder en el clan familiar. Viejas y nuevas heridas de un país en conflicto.

Al amanecer del 4 de abril de 1979, una partida de cuatro personas formada por el director de la prisión de Rawalpindi (ubicada a las afueras de Islamabad) un doctor, un coronel y un juez entraron en la celda del que hasta hacía poco había sido el hombre más poderoso de Pakistán. “De acuerdo con la sentencia del 18 de marzo de 1978 del Alto Tribunal de Lahore, tú, Zulfikar Ali Bhutto, vas a ser ahorcado”, leyó con voz temblorosa el alcaide, Yar Mohammad.

La primera reacción del condenado sorprendió a sus visitantes. “No había señales de pánico en su rostro mientras se leía la orden. En su lugar, pude ver que estaba calmado y relajado y que tenía una sonrisa en la cara”, describiría años más tarde el coronel Rafi ud Din en su libro Los últimos 323 días de Mr. Bhutto.

El depuesto primer ministro empezó a engalanarse para su última cita, esta vez con la muerte, y mientras se afeitaba se dirigió a uno de sus verdugos para preguntarle: “¿Dónde encontraréis un líder como yo?”. Es posible que el propio Zulfikar Ali Bhutto tuviera ya la respuesta y que ésta estuviera relacionada con la visita que había recibido en su celda horas antes del adiós. Una entonces joven Benazir Bhutto de 28 años habría heredado con lágrimas en los ojos el encargo de su padre de continuar el legado de la familia y luchar por un Pakistán libre y democrático.

El problema es que, si realmente ése era el deseo del depuesto y ejecutado primer ministro, no lo dejó escrito en su testamento político y no se lo hizo saber al resto de la familia. La sucesión había quedado abierta: comenzaba la guerra de los Bhutto.

Han pasado tres décadas y ni siquiera la muerte de Benazir Bhutto (asesinada el pasado 27 de diciembre a los 54 años) ha logrado poner fin a las intrigas, traiciones y odios que han azotado al clan más influyente de la historia de Pakistán. Dicen quienes estaban con ella cuando expiró, el pasado 27 de diciembre, que las últimas palabras de la ex primera ministra tras el atentado que le costó la vida fueron “¡Larga vida a los Bhutto!”

La supervivencia ha sido siempre el motor de un clan al que nunca le han faltado enemigos, desde dictadores militares a Osama bin Laden, pero que siempre encontró a los más peligrosos en el mismo seno de una familia marcada por el glamour de los Kennedy, el peso histórico de los Gandhi y la tragedia de ambos. La paz que ‘la hija del Este’ buscó para Pakistán, nunca llegó a encontrarla mucho más cerca. En casa.

Inmediatamente después del ahorcamiento de Zulfikar Ali Bhutto, su Partido Popular de Pakistán (PPP) pasó a manos de su mujer Nusrat. Pero muy pronto las ambiciones de la joven Bhutto quedarían en evidencia al enfrentarse abiertamente con su madre por el liderazgo del partido, esgrimiendo su formación en Oxford y la supuesta voluntad del padre desaparecido. Al autoproclamarse heredera del legado familiar, Benazir rompía a la vez con los deseos de la matriarca del clan y con la tradicional preferencia por los varones en una sociedad todavía hoy arcaicamente machista.

“Esperaba nunca tener que llegar al punto en el que tuviera que luchar contra el prejuicio masculino dentro de mi propia familia”, diría entonces la misma Bhutto.

“Escuchar a mi madre decir que un hombre debe ser el heredero ha sido una puñalada traidora en mi corazón”. La propia Bhutto confesaría que más tarde aceptó un matrimonio de compromiso con el hijo del jefe de clan de los Zardari, Asif Ali Zardari, para salir del entorno familiar y crear un hogar independiente desde el que luchar por sus derechos. Sin saberlo, o quizá conscientemente, Bhutto sentó las bases de una lucha mucho más encarnizada en la que pronto se vería involucrada la familia política.

LUCHA ENTRE HERMANOS

El enfrentamiento por el trono entre Bhutto y su hermano Murtaza, menor que ella pero el mayor entre los varones, rozaría el surrealismo con el regreso de éste en 1993 tras 16 años de exilio para disputar las elecciones del país a su propia hermana, que trataba de recuperar el poder tras haber sido derrocada tres años antes. Benazir, con lágrimas en los ojos, según su propio relato, pidió en vano a su madre que impidiera el duelo político fratricida. “Imploré a mi madre: No hagas esto. No hagas esto. Podemos perder las elecciones. No habrá democracia y no habrá esperanza”, recordaría Bhutto.

La división no evitó la victoria de Benazir, que regresó al poder con la autoridad suficiente para mantener en el ostracismo a los miembros de la familia, incluida su madre, que habían tratado de favorecer a su hermano y la acusaban de usurpar el poder.

El magnicidio de Benazir Bhutto ha borrado cualquier crítica al carácter implacable de la ex primera ministra o sus excesos. Incluso sus más conocidos detractores hablan ahora de Bhutto como una gran pérdida para la patria. “Una mujer para la que Alá ha reservado el mejor sitio en el paraíso”, según un comentarista de la televisión local Dawn News.

Nadie menciona ya que, más allá de su tenaz lucha por la democracia en Pakistán, Benazir Bhutto fue una pésima líder. Carcomidos por la incompetencia y la corrupción, sus Gobiernos apenas legislaban y la primera ministra pasó gran parte de su tiempo resolviendo intrigas. Los jueces investigaron sus mandatos por supuestos casos de corrupción y la justicia suiza remitió al Gobierno pakistaní cientos de páginas detallando sus supuestos delitos, incluida la compra en Londres de un collar de diamantes valorado en 117.000 libras con dinero blanqueado.

Su marido, Asif Zardari, fue siempre un lastre por las sospechas de estar dirigiendo una red criminal de corruptelas, chantajes y amenazas desde el palacio presidencial.

“Antes de casarse con Benazir no sabía ni poner gasolina al coche y ahora tiene mansiones por todo el mundo”, dice de él Mumtaz Bhutto, tío de la malograda Benazir y patriarca de una tribu que cuenta con 700.000 miembros.

Quienes siempre se opusieron al liderazgo de la princesa de la democracia pakistaní ven con horror que el partido y el legado de la familia hayan pasado precisamente a manos de Zardari, elegido esta semana copresidente del partido junto a su hijo Bilawal tras presentar un testamento supuestamente escrito por su esposa en el que es nombrado su heredero.

La decisión nunca será aceptada por los disidentes dentro de los Bhutto que culpan directamente a Zardari, en alianza con Benazir Bhutto, del incidente que puso fin a la lucha de sucesión entre la entonces todavía primera ministra y su hermano. Era 1996 y Murtaza Bhutto salía de su residencia de Karachi cuando la policía acabó con su vida de varios disparos.

La esposa del mayor de los hijos varones de los Bhutto, Ghinwa, sigue hoy acusando a Zardari y Benazir de haber orquestado su eliminación. “Murtaza fue asesinado bajo su mandato. Es como si el asesino se hubiera escondido detrás de ella para dispararle”, aseguraba Ghinwa hace dos semanas en un mitin político del partido con el que pretende disputar las elecciones al PPP de los Bhutto.

HERIDAS ABIERTAS

El asesinato de Benazir Bhutto, lejos de poner paz, ha reabierto viejas heridas y ha provocado algunas nuevas, alargando la batalla que comenzó con la muerte del hombre que recibió a sus verdugos en la cárcel de Rawalpindi con una sonrisa. Zardari ha tratado de legitimar su golpe cediendo la presidencia simbólica del PPP a su hijo Bilawal y anunciando que a partir de ahora el nombre del muchacho, de sólo 19 años, tendrá como primer apellido Bhutto en lugar de Zardari.

¿Y Sanam, la hermana menor de Benazir, no debería ser ella la siguiente en la línea de sucesión?, se pregunta la facción enfrentada. ¿No son más Bhutto los hijos del asesinado Murtaza Bhutto, ¿el verdadero heredero?  “No puedes simplemente ponerte un nombre. Uno no se convierte en un Bhutto de la noche a la mañana”, protesta Mumtaz Bhutto, primo del fundador de la dinastía política y patriarca de la tribu.

Mumtaz se lamenta de la deshonra que supone tener como líder a Zardari, alias 10% por las supuestas comisiones que cobraba mientras su mujer era la líder de Pakistán y ex convicto que pasó 11 años en la cárcel acusado de todo tipo de delitos. Su hijo, Bilawal, ha regresado a la ciudad británica de Oxford para completar sus estudios y legalmente no tendrá edad para ocupar un cargo político importante en Pakistán antes de seis años. “El partido ha sobrevivido gracias al sudor y la sangre de los Bhutto. Los Zardari no han hecho ningún sacrificio. Sólo se han beneficiado”, dice Mumtaz Bhutto, quien anuncia además una lucha feroz por el legado de la familia.

EL INICIO

Las disputas entre los Bhutto han tratado de ser explicadas por algunos analistas desde el punto de vista de la política convencional. Basta una visita a Larkana, el feudo del clan en la provincia de Sindh, para darse cuenta de que los Bhutto no se rigen por las mismas normas que los demás. Es aquí, a 500 kilómetros de la capital financiera de Karachi, donde comienza la leyenda de los Bhutto durante el reinado de la Reina Victoria de Inglaterra. La tribu recibió los favores de los colonizadores a cambio de una alianza que hiciera más fácil la existencia de los británicos y el favor fue más que recompensado. La familia todavía conserva el sello de la época por el que en 1890 más de 40.000 hectáreas de tierra fueron repartidas entre los tres hijos del entonces jefe de la tribu. Los herederos de aquella cuantiosa fortuna viven hoy como si nada hubiera cambiado, sumidos en un sistema monárquico y caciquil.

Mumtaz Bhutto y sus hijos disfrutan de terrenos que se extienden más allá de 16.000 hectáreas, con cientos de sirvientes que tienen ocupaciones que van desde espantar las moscas de la comida a lavar los pies de sus señores. Un centenar de pobres aldeanos visita cada día la residencia familiar para pedir favores o dejar en manos de los Bhutto la solución de las disputas locales. Un pequeño ejército de hombres armados defiende las propiedades y a sus dueños. Con su tiempo dividido entre Larkana y las propiedades que tienen repartidas por todo el mundo, los Bhutto ocupan los meses que pasan en Pakistán organizando fiestas y cacerías, entreteniendo a políticos y empresarios y, en los ratos libres, conspirando entre ellos. El carácter feudal de la familia contrasta con el socialismo populista que forjó la creación del Partido Popular de Pakistán. Benazir Bhutto siempre vio en el rechazo familiar a su liderazgo la resistencia del clan a cambiar un Pakistán del que habían logrado tantos privilegios.

El futuro de la familia, la supervivencia que ha sido el motor de tres generaciones de líderes, se encuentra hoy más en duda que nunca. El alzheimer ha logrado que Nusrat, la madre de Benazir, haya olvidado las viejas afrentas, pero entre los demás miembros del clan hay quienes preferirían ver el final del legado Bhutto antes que aceptar el nuevo orden familiar salido tras el magnicidio.

Benazir Bhutto era, probablemente, la última persona con la fuerza y el carisma para mantener el encantamiento que los Kennedy de Pakistán han ejercido sobre el pueblo. En su última visita al feudo de Larkana, una semana después de llegar del exilio que la había alejado de los suyos durante casi nueve años, 150.000 personas salieron a su paso para vitorearla y gritar, quizá por última vez: “¡Larga vida a los Bhutto!”

Bilawal Bhutto  (19) pronto volverá a Oxford y lo hará revestido de un aura de liderazgo de la que carecía por entero cuando enfiló sus vacaciones navideñas hace sólo unos días. El nuevo líder del clan va a clase en la misma universidad en la que estudió su madre y reside en el mismo college que acogió a su abuelo Zulfikar Ali Bhutto en los años 50. A su llegada, Bilawal prefirió ocultar sus orígenes ante sus compañeros y cambiar su apellido por Lawalib, su nombre del revés. Tímido, sensible y estudioso, Bilawal lleva un estilo de vida muy alejado del conservadurismo paquistaní. No tanto como su madre, que deslumbró a Oxford en los años 70, paseándose de fiesta en fiesta en un imponente MG amarillo. 

La vida social del heredero de los Bhutto va mucho más allá de las juergas universitarias. Durante el otoño ha participado en diversos encuentros de la Oxford Union, el prestigioso club de debate que su madre presidió en los años setenta.

Benazir Bhutto será homenajeada este mes en la institución y se espera que su hijo Bilawal asista al acto. Preocupado por los retos que plantea el nuevo estatus de Bilawal, el Reino Unido prevee reforzar la seguridad en torno a su vida en Oxford, dotándole de protección las 24 horas del día.

Fuente: Extra, El Deber, Santa Cruz, Bolivia

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