El Describidor


El romántico Heinrich Heine (Alemania, 1797 – 1856)
febrero 16, 2008, 10:51 am
Filed under: Cultura, Sensualidad

180px-heinrich-heine_1.jpgAlemania censuraba sus escritos. La policía tenía órdenes de arresto listas para cuando él apareciera por la ciudad. Heinrich Heine es considerado como el último romántico, o el primer post-romántico. Rebelde en fondo y forma, tomó lo que aún era de los románticos en cuanto a forma, y lo renovó a su antojo. Su obra está llena de amor, ironía, política y nostalgia.

Se autoexilió en Francia, porque Alemania, su tierra natal, no supo jamás comprenderlo. Tildaba de hipócrita la postura política revolucionaria, “en público predican agua, a escondidas toman vino”, decía de aquellos que escribían sobre la Revolución.

Y es que Heine estaba más interesado en un futuro basado en la revolución de la alegría y la sensualidad, y no le preocupaba mucho la parte institucional de ese futuro. Como escribió Gelman en un artículo de Página 12, “le importaba el movimiento interior de una sociedad libre”. “Pensaba con el corazón”, como lo distinguió su biógrafo Fritz J. Raddatz; “sentipensaba” como diría Galeano.

Se podría decir con esto que Heinrich, o Enrique Heine era un visionario de la sensibilidad poética del siglo XX, no por nada a pesar de haberse ido contra el marxismo, Marx mismo adoraba leerlo, y aunque se hubiese sentido confundido por esa dualidad que hacía que Heine cuestione el poder pero al mismo tiempo no se considere amigo del Pueblo, decía de él, defendiéndolo, que “la crítica no es una pasión del cerebro, sino el cerebro de la pasión”. Y abiertamente prefería su poesía antes que la de Hermann Freiligrath, poeta oficial del partido.

El romantico

Heine se convirtió en un miembro prominente de un grupo literario conocido como Joven Alemania, que atacaba a la escuela romántica alemana por haber caído bajo el poder monárquico y eclesiástico.
Lo cierto es que aunque haya renegado de ello, fue uno de los muchos poetas afectados por el ‘mal du siècle’, el romanticismo; pero el único con las agallas para expresar su amor al romanticismo y al mismo tiempo su odio hacia los escritores románticos alemanes de su época que se habían sometido a las fuerzas reaccionarias políticas y religiosas.

Heine no es uno de esos poetas que fascinan en la primer lectura, y las traducciones que uno encuentra por la ciudad de los anillos no son tan buenas (si es que se las encuentra); pero una buena traducción y un buen momento de vida, permiten apreciar la musicalidad de sus rimas; y reconocer en su música, ese paradigma del poeta solitario que en sus versos expresa la melancolía y la añoranza de lo perdido, ese alma angustiada por su propia sensibilidad, demasiado lúcido como para sobrevivir en un mundo que calificaba de hostil y monótono. Por eso se dice de Heine que trascendió el romanticismo y coronó su vida con un único protagonista: el desgarro…

Su melancolía no venía sólo de los amores perdidos, venía de una raíz muy diferente a la que se había visto hasta entonces en los románticos, venía del mundo, venía de su autoexilio, venía de sentirse marginal en su propia tierra. “Si Alemania no lo quiere, lo adoptamos – dijo en algún momento Alejandro Dumas- Desgraciadamente, Heine ama a Alemania más de lo que ésta se merece”.

Ángel y demonio

En el Libro de los Cantares (1831) se encuentra a un poeta con un genio de doble cara, sus versos a veces son dulces, delicados, sutiles, y en un instante se apodera de ellos un alma infernal, de ironía maligna, que se vale de las palabras como si fueran flechas envenenadas para matar a sus enemigos. Luego de asesinarlos se pone triste, suave, soñador, y luego ríe con malicia y cinismo. Pasa de ángel a demonio en fracción de segundos.

Alguna vez le escribiría a un amigo: “¿no te estremeces de espanto, Cristian? Tiembla, tiembla, como yo tiemblo. Quema esta carta. ¡Apiádese Dios de mi! No he sido yo quien ha escrito esas palabras. Está sentado en mi silla un hombre pálido y demacrado que las ha escrito. Es que sonó media noche. El loco es irresponsable”.

La personalidad de Heine tenía elementos que a primera vista eran incompatibles: su alegría de vivir pagana y su sensibilidad basada en los valores del judaísmo; su amor al romanticismo y su odio a los escritores románticos alemanes de la época; su patriotismo germánico y su humanitarismo; su cristianismo nominal y un apego al judaísmo que le duró toda la vida.

A pesar de esa naturaleza contradictoria donde bailaban al unísono la ternura y el sarcasmo, la fantasía y la reflexión, la felicidad y la tristeza que fueron los conflictos que crearon en Heine ese espíritu de desencanto, de burla y de sátira.

Identikit

– Nació: 13 de diciembre de 1797
– Lugar de nacimiento: Dusseldorf, Alemania
– Sexo: Masculino
– Ojos: De mirada melancólica
– Estudios: Literatura, derecho y filosofía
– Ocupación: Poeta
– Influencias: Byron y Fouqué
– Fuente de inspiración: el mundo, la vida, la música de Schumann, Schubert y Brahms
– Religión: judía
– Murió: el 17 de febrero de 1856
– Lugar de su muerte: París, Francia
– Causa de su muerte: no especificada. Dado el cuadro final, probablemente, sífilis.
– Restos: enterrados en el cementerio de Montmartre. París, Francia
– Frase célebre: La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.

Fuente: Verónica Delgadillo, eldeber.com.bo

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