El Describidor


Los chats, ruidos en el silencio
febrero 20, 2008, 2:52 pm
Filed under: Cultura

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Soledad interior, una luz cenital que pinta sombras en el rostro y la suficiente abstracción que ayuden a sentirse en compañía, enmarcan el ambiente propicio para adentrarse a un mundo a través de una ventana.

Viene a la mente Alicia en el País de las Maravillas: recordamos a la heroína infantil cayendo por la madriguera del conejo, presa de la curiosidad, sin reflexionar mucho cómo saldría después de aquel lugar, descubriendo en su aventura sitios fantásticos, personajes de fábula que, lejos de facilitarle el regreso a casa, llenaban su corazón, cada vez más, de una profunda angustia, de un agobiante desánimo.

No es muy grande la diferencia entre aquel mágico túnel del cuento de Lewis Carroll y los caminos que nos llevan a los mundos virtuales a través de las necesarias y casi imprescindibles computadoras de hoy en día. Esos viajes suponen adentrarse en fracciones de segundo, gracias a una conexión a Internet, a distintos lugares, miles de hecho; acceder a diversas informaciones, enviar y recibir correspondencia de forma casi inmediata y comunicarse con personajes de fantasía, como aquellos del cuento, por medio de los chats.

Chat significa conversar, charlar. En la Internet, un chat es un conjunto de personas conversando en una sala virtual, que no es más que un espacio con un nombre específico y en donde en teoría se debería hablar temas particulares. Técnicamente hablando, “chatear” es comunicarse a través de una interfaz o ventana usando un browser.

Pero, ¿hasta qué punto la gente realmente se comunica con un fin honorable? ¿Cuántas de las cientos de personas que se encuentran en una sala de chat están ahí no sólo por el hecho de que no hay nada mejor que hacer, sino porque persiguen un objetivo valedero, honesto, íntegro? Conocer personas encabeza la lista de las motivaciones para acudir a una sala de chat; ahora bien, es en el fin que se persiga de ese contacto donde radica la diversidad de razones: sexo real inmediato, sexo virtual y fantasías del mismo orden; búsqueda de pareja, amistad, alguien con quien ir de fiesta eventualmente, platicar de determinado tema sin que eso suponga una amistad permanente, desestrés, etc.

Esas han sido las respuestas de muchas de las personas que chatean, al indagar cuál es su motivación principal para acudir a una sala de chat; sin embargo, ¿se puede creer realmente en lo que dice un extraño que a la final es sólo letras? Si una de las razones es la adquisición de nuevas amistades, ¿por qué no se atienden privados de gente del mismo sexo?, ¿acaso las amistades deben hacerse con gente del sexo opuesto?

Se parte del supuesto de que nadie entra a las salas de chat a pasarla mal; sin embargo, cada quien tiene su manera muy particular de pasarla bien y esta manera puede inclusive variar a través de tiempo. Es así como encontramos a los “Insultantes”, quienes practican la rutina de usar palabras ofensivas que provocan su propia diversión. A este tipo de personas lo podemos imaginar como chicos y chicas de lo más formales, bien peinados y bien vestidos quienes saludan al vecino en el ascensor con un cálido “Buenos días”, pero que al entrar a los chat rooms desenfrenan lo que tanto reprimen: su deseo de ser vulgares, llenando la ventana de groserías e intentando descalificar a todo el que aparezca en la lista de participantes. Se alegran mientras uno que otro usuario se engancha en su juego y empieza a devolver los insultos; si el resto de los participantes hace caso omiso, se retiran pues el motivo de su diversión es que alguien se moleste.

Otro tipo de diversión es la utilizada por los ya tan molestos “Repetidores Egocéntricos”. A éstos, por no poseer comentarios inteligentes, y utilizando recursos tecnológicos, les encanta boicotear la sala repitiendo la misma oración línea tras línea, con el objetivo de que ningún otro participante pueda comunicarse, se haga lento el sistema y el resto de los usuarios termine por retirarse. Al parecer, esta modalidad es para muchos muy estimulante y en la mayoría de los casos es usada por homosexuales o adolescentes.

También están los que he denominado “Tecla Pegada”. Su motivación es el reconocimiento que brinda el que todos le saluden cuando entra a la sala y las despedidas afectuosas que les profieren al momento de irse. No tratan de acercarse a nadie, sólo buscan el reconocimiento del grupo. Es sencillo reconocerlos, tienen una peculiar forma de comunicarse: “Hooolaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, ccoooommmmmmooooooooooo esssssssstaaaaaaaaaaaaaaaaaaaassssssssss????????????????”. Como no hay nada que decir, repiten mil veces las letras.Vemos también los “Seductores de Oficio”, los hay de todos los géneros y se reconocen con su clásico saludo al entrar a las salas públicas: “Hola, alguna chica(o) linda(o) con quién conversar?”. En este mismo sentido encontramos también los “Sadicones”. Este sector busca reafirmar su hombría desde el contacto sexual vacío, su único objetivo es tratar de ligar con alguna chica; desde un lugar cómodo y seguro, ellos entran a las salas con su característica frase: “Hola, alguna chica de Caracas???????” pues lo que quieren es irla a conocer y llevarlas derechito a la cama, cuando el asunto ya está muy bien cuadrado.Un sector muy común es el de los “CyberSex”. La diversión a través de la estimulación sexual segura es el lema de este tipo de usuarios. A ellos los motiva el sexo virtual, ahora muy aderezados con las webcams.

En otro renglón estamos los que nos agrada relacionarnos en serio con las personas. Para los que estamos en este sector las salas de chat son sólo un modo sencillo, seguro y económico de conocer personas con las que podamos entablar una amistad verdadera, real, que conlleve a un intercambio intelectual más duradero.

Una vez conocí a un ser de esos de fábulas: un Throll. Me llamó tanto la atención al ver el nick (seudónimo usado en los chats) en el listado, que de inmediato decidí invitarle a un privado. Recuerdo que mi primera pregunta fue: “¿Throll, por lo feo o por lo malo?”, y la respuesta fue: “Por lo especial”. De esa manera inició una de las más fascinantes conversaciones que he tenido en las tan visitadas salas virtuales. El tema central era precisamente la necesidad que tenía de escribir algo sobre la falta de humanidad que se percibía en estos sitios internáuticos; a través de ese tema, me dediqué a comprobar si mi interlocutor era tan especial como él mismo había afirmado ser.

Pocas veces en el chat se conoce a alguien que invada tus pensamientos, que por alguna mágica razón te haga sentir inquietud, y no por las palabras que use, sino por el ambiente que se crea durante la interlocución y la fluidez con la que se lleva. Pero, ¿hasta qué punto esa atmósfera es también idealizada por nuestras propias necesidades y deseos? Pienso que en la mayoría de los casos siempre sucede así y ese pequeño mundo de ilusión creado en una sala de chat se desvanece en la primera cita real. Esta desilusión viene dada por la expectativa creada durante los encuentros virtuales, puesto que sólo una de las partes cree en la supuesta conexión especial con alguien, una conexión distinta a la que usualmente hacemos; la otra parte sólo navega, si lo desea, en la misma corriente, a ver qué pasa…

Siempre había querido escribir algo que plasmara de alguna manera mis experiencias en los chats, mismas que me habían llevado a creer que no existían verdaderos seres humanos en estos lugares, de esos que tienen sensibilidad y sienten respeto por las demás personas. Throll fue la motivación para empezar esta narración, porque en aquel momento pensé que me había tropezado, a pesar de su nick de fábula, con un ser igual a mí, verdadero, auténtico, especial, y era eso precisamente lo que llevaba tratando de encontrar en las salas de chats desde hacía mucho tiempo, alguien que me motivara y al que pudiese dedicar estas líneas de inexperta escritora.

Throll también ha sido la motivación para concluirlo después de muchos meses de iniciado. Sí, sí existen seres humanos en los chats, sólo que somos nosotros mismos los que idealizamos a nuestros interlocutores y los hacemos especiales. A pesar de que todos somos seres humanos, convertidos en letras en los chats, no todos tienen la misma curiosidad para indagar el verdadero valor de la amistad, de las personas y hacer de este medio de contacto algo más concreto y menos efímero, donde se demuestre realmente que hay “madera fina”.

Al comienzo de mis incursiones en las salas de chat, estos canales para mí eran la apología de la verdad, eran espacios donde el sincero podía ser más sincero y el mentiroso más mentiroso, y como la verdad no parece un valor del mundo contemporáneo, la mayoría de las personas recurren a estos cybermundos para hacer vivir sus fantasías.

Magnificar la verdad es algo que no he conseguido mucho aquí, cuando un individuo ingresa a un chat room con el objetivo de decir groserías a diestra y siniestra, mientras en la calle es de lo más circunspecto, le da comida a las palomas en la plaza y ayuda a cruzar la calle a las viejitas, me pregunto: ¿dónde usa su máscara? ¿será aquí o en la vida real? Los chats son un mundo aparentemente sin presiones, sin el qué dirán, las personas se sienten libres de ser lo que en esencia son, pues no están sometidas a la censura social, al desprecio de sus semejantes, al menos no de manera física, no comprometen sus rostros ni sus nombres.

Retomando nuestro punto de comparación, Alicia en el País de las Maravillas está basado en una continua ilógica capaz de marear a cualquiera, y en dicha ilógica y en su ironía radica su gracia. Lo mismo pasa con estos fascinantes lugares virtuales, en donde existen “tantas palabras para un mismo desconcierto”.

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