El Describidor


Lo fantástico en la literatura boliviana
marzo 17, 2008, 11:39 am
Filed under: Cultura

 avro2uh.jpg

Una anciana que vuelve a la vida, un encuentro con extraterrestres en el lago Titicaca, y un muchacho que halla una puerta a otra dimensión en la que se mira a sí mismo en una identidad paralela son algunas de las tramas de La mujer que no se equivocaba, libro de relatos fantásticos que la escritora paceña Marcela Gutiérrez presentará en los próximos días.

Asociada y confundida a la vez con los géneros de ciencia ficción y terror —aunque muchas veces también es unidad con éstas—, la fantasía en la literatura se nutre de algunos conceptos y figuras recurrentes: lo sobrenatural, la recuperación de la mitología y la vida extraterrestre, entre otras fuentes temáticas.

A priori, en Bolivia no es una corriente muy explotada ni conocida, y así lo reconoce la misma Gutiérrez —”la verdad, además de algunos cuentos sueltos, no se me vienen ejemplos a la cabeza”— y otros cultores nacionales de este género.

Edmundo Paz Soldán asegura que “definitivamente en Bolivia predomina el realismo”, y el autor Hugo Murillo Benich piensa que “en nuestro país el panorama de este género se encuentra un tanto desolado, tal vez por la aplastante realidad que nos obliga a ocuparnos de asuntos más urgentes y terrenales”.

De todas maneras, el creador de Río Fugitivo, con su novela Sueños digitales (“que a mi entender no llega a ser plenamente ciencia ficción, pues todo lo que ocurre en ella es técnicamente posible”), sus cuentos Las máscaras de la nada y Desapariciones, y algún otro relato; el chuquisaqueño Miguel Ángel Gálvez que ganó hace años el Premio Milenio a la Primera Novela con La caja mecánica; Murillo Benich (que para Manuel Vargas es el único boliviano que escribió más de dos obras de este género), los noveles Leonardo Bacarreza, Rodrigo Antezana y Elvis Vargas, y Oscar Cerruto

con su famoso relato de un hombre que se pierde entre un viaje en tranvía y una pesadilla que se entremezcla con su realidad, y que se podría considerar iniciador del incipiente estilo en el país, son algunos de los contados narradores que se interesaron en el género de H.P. Lovecraft, el maestro estadounidense a quien todos le reconocen influencia.

No obstante, como Antezana (autor de la obra fantástica El viaje) asevera: “En el mundo la ciencia ficción, el terror sobrenatural y la fantasía son considerados géneros menores hechos para el consumo de masas, y la conducta de los escritores bolivianos ha sido bastante snob, prefiriendo la literatura considerada ‘seria’”.

Tratando de hallar alguna tendencia temática, algunos autores y literatos apuntan a que varios trabajos siguen mitos y leyendas andinas, indígenas como inspiración, más ello no alcanza para hacerse una característica. Así también, Gutiérrez sostiene que “la muerte, como desenlace inevitable, es uno de los hilos conductores de este tipo de obras”.

“No hay suficientes autores ni libros bolivianos dentro del género —agrega Antezana— como para darle una tendencia definida. Sí, hay casos en que se hace uso de mitos indígenas, pero no sé si serán una mayoría. La literatura boliviana es pequeña, dentro de ésta, la fantástica apenas tiene representantes, por lo que es definitivamente incipiente”.

Aproximaciones

En cualquier libro de historia de la literatura se asocia a la fantástica con la magia y las bestias míticas, y a su prima hermana, la literatura de ciencia ficción, se la casa con el futuro, con las tramas en ambientes altamente tecnológicos y virtuales.

En criterio de Antezana, este género engloba a toda la narrativa que aborda mundos imaginarios, o donde los elementos ajenos a la realidad cotidiana son fundamentales para el desarrollo de la historia. Así, pertenecerían a este estilo el terror sobrenatural, la ciencia ficción y la fantasía.

Tomando en cuenta estos postulados, hay que señalar a los grandes maestros mundiales: Edgar Alan Poe, Stephen King y H.P. Lovecraft en el terror, Isaac Asimov en la ciencia ficción y J.R.R. Tolkien en la fantasía clásica.

Jorge Luís Borges, gran vínculo entre Latinoamérica y los maestros de la fantasía europeos y norteamericanos, editó junto a Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo la célebre Antología de literatura fantástica, obra definitiva —aún hoy, a tantas décadas de su aparición— para acceder al género.

El maestro argentino escribió que “hay cuatro grandes procedimientos que permiten al creador destruir no sólo el realismo de la ficción sino la misma realidad: la obra dentro de la misma obra, la contaminación de la realidad por el sueño, el viaje en el tiempo y el doble”.

Finalmente, Paz Soldán sostiene que “buena parte de las mejores páginas de la literatura universal pertenecen al género fantástico. Ésta es una definición muy amplia, que incluye la fantasía tradicional (Lord Dunsany, Gustave Meyrink), la neofantástica (Jorge Luis Borges, Julio Cortázar) e incluso el realismo mágico de García Márquez”.

Identidades

“Sentí que había llegado el momento. Me extendió una mano y avanzamos dos pasos. Escuché un agudo silbido en mis oídos y luego un violento trueno. Se abrió entonces una puerta. Vi la bóveda del cielo tan clara y pura que mis ojos tardaron en acostumbrarse al fuerte resplandor”.

En Las demás vidas, como en sus otros cuentos, Gutiérrez admite que juegan un papel importante, catalizador de lo fantástico, la muerte y lo absurdo, tanto en el desarrollo estilístico, como en la trama.

En la tónica de rescatar la mitología originaria, el ilustrador Alejandro Archondo prepara un bestiario o catálogo de seres sobrenaturales de la tradición oral boliviana.

Me he dado cuenta de que es necesario recuperar la imaginería cultural boliviana, tanto la andina como la oriental”, comenta el dibujante que lejos de las gárgolas, druidas, brujos y monstruos de las tradiciones europeas, por las que se identifica el arte gráfico fantástico,

“trabaja en la investigación de personajes como el Anchancho, el Duende :-!trás, el Araraku, el Turkun Turkun y el Mikhala, personajes aymaras, quechuas y de los pueblos del oriente.

Antezana, que en El viaje vació sus “temores y pesadillas de un inminente colapso ecológico y social”, considera que “la importancia de este género narrativo es la misma que la de la literatura en general: es una aventura a través de la imaginación del autor, una exploración de nuestros deseos, vacíos, temores y aspiraciones, una visión de nosotros mismos en múltiples espejos de distintos colores”.

No sus pesadillas, más bien sus obsesiones llevaron a Gutiérrez a escribir los 11 relatos de La mujer que no se equivocaba. “A diferencia de mis otros libros que me salen más rápida y fácilmente, en éste estuve dando vueltas por muchos años, infundida y motivada por las lecturas de Lovecraft y Ray Bradbury”.

El mural, Vuelta a empezar, El error, Antonio después de la guerra y Ana detrás de mí son algunas de las piezas del libro que ya fue editado por Correveidile y que será presentado en los próximos días.

Martin Zelaya Sánchez, lostiempos.com

Anuncios

Dejar un comentario so far
Deja un comentario



Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: